La historia de X, originalmente Twitter, representa uno de los estudios de caso más complejos sobre la evolución de las esferas públicas digitales. Lo que nació en 2006 como un servicio de microblogging para respuestas rápidas a la pregunta «¿qué estás haciendo?», se transformó progresivamente en una infraestructura crítica para la información y finalmente, en un ecosistema marcado por la fricción sociopolítica.
Twitter no evolucionó en el vacío, sino bajo el fenómeno que académicos como José van Dijck denominan la sociedad de la plataforma, que no se trata solo de un cambio tecnológico, sino de una reconfiguración de cómo se organiza la vida pública, la economía y la política. Van Dijck, junto a Thomas Poell y Martijn de Waal, sostiene que las plataformas no son meros «canales» neutrales, sino estructuras que imponen sus propias reglas a la sociedad.
En sus inicios, Twitter funcionaba bajo una lógica de «tiempo real» (orden cronológico inverso). Sin embargo, al integrarse en la sociedad de la plataforma, adoptó mecanismos de selección algorítmica. Van Dijck explica que las plataformas «curan» la realidad y que por tanto, lo que vemos en X no es lo que está pasando, sino lo que el algoritmo predice que nos mantendrá conectados. Esto transforma la red informativa en una red de sesgo de confirmación, donde la visibilidad de una noticia no depende de su veracidad, sino de su capacidad para generar interacción (engagement).
Bajo este enfoque, cada interacción (un «like», un «reposte», una respuesta de odio) se convierte en un dato comercializable, sumado a esto la evolución de Twitter a X aceleró la datificación, el debate público dejó de ser un intercambio de ideas para convertirse en una fuente de extracción de datos, revelando que en la sociedad de la plataforma, el conflicto es más valioso que el consenso porque produce más «puntos de datos». Esto explica por qué las narrativas de odio y la polarización no se mitigan y que, desde una lógica de plataforma, el conflicto es rentable.
X ha pasado de ser un espacio de comunicación a una infraestructura de gobernanza invisible. Los cambios en las reglas de verificación (pagar por el «check» azul) no son solo cambios estéticos; son cambios en la jerarquía del discurso. Quien paga, tiene más alcance y esto rompe la horizontalidad democrática, creando una «plutocracia digital» donde el algoritmo decide qué voces son ciudadanas y cuáles son marginales. En este nuevo sistema, las cuentas de pago no solo obtienen un sello, sino que el algoritmo de X prioriza sus respuestas y publicaciones, silenciando de facto a quienes no pueden o no quieren pagar.
La Red Informativa y el Debate Público
En su primera etapa de madurez (2010-2016), Twitter se consolidó como una red informativa de primer orden. Su arquitectura de «inmediatez» permitió que eventos globales fueran narrados en tiempo real, democratizando el acceso a la información frente a los medios tradicionales. Esta capacidad la elevó a ser el ágora del debate público digital, un espacio donde académicos, políticos y ciudadanos interactuaban bajo una premisa de horizontalidad deliberativa.
Sin embargo, tras la adquisición por Elon Musk en 2022 y su transición a X, la plataforma ha experimentado un giro estructural. La priorización de algoritmos de recomendación sobre el orden cronológico y la modificación de los sistemas de verificación (Twitter Blue/X Premium) han alterado la economía de la atención, desplazando el valor de la veracidad por el del compromiso (engagement) emocional.
El ecosistema actual de X se enfrenta a tres desafíos que amenazan su viabilidad como espacio democrático: Por un lado, la desinformación y las noticias falsas, peligroso fenómeno impulsado por la eliminación de equipos de moderación y la monetización basada en impresiones y que han incentivado la creación de «granjas de contenido».
Según investigaciones recientes (Maldita.es, 2025), la proliferación de cuentas que utilizan IA para replicar desinformación ha dificultado que el usuario promedio distinga entre hechos y narrativas fabricadas.
El segundo gran desafío se plantea con los espacios de polarización social. El diseño de los algoritmos de X tiende a crear «cámaras de eco», donde el usuario solo consume contenido que refuerza sus prejuicios. La polarización no es un subproducto, sino un mecanismo de retención: el contenido que genera indignación es el que más se difunde.
Finalmente, las narrativas de odio: Estudios en el entorno hispanohablante (Dialnet, 2025) señalan un desequilibrio en los debates. Los discursos de odio suelen tener mayor alcance y menor contrapeso, especialmente contra figuras públicas y minorías, debido a una política de libertad de expresión que, en la práctica, ha debilitado los mecanismos de protección institucional.
Comparativo: X en Centroamérica (Datos proyectados 2025)
El uso de X en Centroamérica es menor en volumen comparado con Facebook o TikTok, pero su impacto político es desproporcionadamente alto debido a que es la red preferida de las élites políticas, periodistas y líderes de opinión.
| País | Usuarios estimados (reales) | Estimación de perfiles falsos/bots* | Contenido de mayor interacción |
| Guatemala | 1,000,000 | 18% – 22% | Política nacional y justicia. |
| El Salvador | 641,200 | 25% – 30% | Seguridad y propaganda gubernamental. |
| Costa Rica | 571,500 | 12% – 15% | Debates sociales y economía. |
| Panamá | 516,500 | 15% – 18% | Corrupción y noticias financieras. |
| Honduras | 480,000 | 20% – 24% | Conflictos sociales, corrupción y política partidaria. |
| Nicaragua | 234,500 | 10% – 12%** | Denuncia social y derechos humanos. |
* Nota: Las estimaciones de bots varían según eventos electorales. El Salvador presenta los niveles más altos debido al uso intensivo de «granjas» para amplificar narrativas estatales. En Nicaragua, el bajo volumen de bots se debe al control estatal estricto y el desplazamiento de la conversación a grupos cerrados de mensajería. Fuente: Oxford Internet Institute (2024/2025).
En cuanto a las narrativas más visibles a nivel de la Región Centroamericana, es crucial entender que en X (Twitter) no solo se transmite información, sino que se «construyen realidades» mediante marcos interpretativos específicos. En 2025, la plataforma en Centroamérica se ha consolidado como un campo de batalla de tres narrativas hegemónicas:
En primer lugar, el debate “Autoritarismo vs. institucionalidad”. Esta es la narrativa dominante en el Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) y se basa en la dicotomía entre «resultados inmediatos» y «procesos democráticos». Se viralizan hilos y videos cortos que exaltan la seguridad pública y las obras de infraestructura como pruebas de éxito, mientras se tildan los contrapesos institucionales (justicia, prensa, ONGs) como «obstáculos al progreso».
La segunda narrativa se concentra en la “soberanía digital» y el antiglobalismo, que vincula la política local con movimientos globales de derecha e izquierda, adaptados al contexto regional. Se viraliza contenido que denuncia supuestas «agendas globalistas» o de «injerencia extranjera». En Honduras y Guatemala, se observa un uso intensivo de X para atacar a periodistas bajo la premisa de que responden a intereses externos.
Según datos de 2025, el 43% del aumento en discursos de odio en la región está vinculado directamente a ataques contra poderes públicos e instituciones, siendo X la red donde estos mensajes tienen mayor «eco». (Observatorio de Redes Sociales, UCA Instituto de Opinión Pública – IUDOP)
Finalmente, la Criminalización del Disentimiento o “Narrativa de Odio”. X se ha convertido en la herramienta principal para el «asesinato de reputación». Las narrativas de odio en Centroamérica han tomado un tinte de género y profesional. En Honduras, El Salvador, Nicaragua, los ataques a periodistas han crecido más de un 110% en el último año (RSF Informe 2025); Costa Rica y Panamá ya enfrentan también situaciones similares, aunque en menor escala. De igual forma que periodistas y medios de comunicación, las mujeres en política reciben ataques personalizados que van más allá del debate de ideas, entrando en la violencia simbólica y el sexismo.
Este panorama confirma que X en Centroamérica ha dejado de ser una red de «debate» para convertirse en una red de «imposición de agenda», donde la narrativa más visible suele ser la que posee mayor capacidad de amplificación artificial (bots) y mayor carga emocional (odio).
La evolución de X demuestra que la red ha dejado de ser una herramienta de empoderamiento ciudadano para convertirse en una infraestructura de control narrativo. Siguiendo a Van Dijck, la «plataformización» ha sustituido el valor público de la información por el valor comercial del conflicto y en el contexto centroamericano, esto se traduce en una ciudadanía que, aunque está más «conectada», se encuentra más fragmentada y vulnerable a estímulos emocionales programados que anulan el pensamiento crítico.

** Aldo Romero, periodista y profesor con más de tres décadas de experiencia en los principales medios de comunicación del país y una sólida trayectoria académica como profesor de periodismo desde hace más de 18 años. Combina la práctica periodística con la formación de nuevas generaciones de comunicadores, destacando por un enfoque crítico y pedagógico que integra la alfabetización digital, la innovación en medios y la responsabilidad social del periodismo. Referente en el análisis político y en la promoción de un periodismo ético y adaptado a la era digital.
